sábado, 26 de enero de 2013

Desnudo

Me veo en la necesidad de contaros un secreto y es que yo una vez fui sólo frágil.
Me gusta ocultarlo tras mi felicidad aparente, pero a ratos me saluda ese pasado tan cruel y me lo susurra al oído, para que lo tenga presente y me duela un poquito.
Yo sin dolor ya no sé y hubo un momento en que toda mi vida fue una mancha.Y el fuerte no sé dónde estaba, pero nunca vino de visita ni me cogió de la mano. Quizá me esperaba en el piso de arriba y necesitaba que diera el paso sola, pero el caso es que, vulnerable como estaba, tuve que sobrevivir.
Y yo ni tenía magia ni era bonita ni sonreía tan grande. Yo no hacía nada, pero solía sobrevivir. Sobrevivirle al mundo y a mis escasas fuerzas, a la necesidad, al vacío, al abandono.
Yo una vez me caí...y no supe levantarme.

Estuve un rato muerta. O quizá fuera una eternidad y esta es mi reencarnación, más libre y serena. El caso es que dejé de estar, dejé de ser y dejé de sentirme cerca.

Arrastrando los pies y repitiéndome lo que tantas veces me habían dicho. Yo no era suficiente ni para mí ni para nadie.

No era nada, no pertenecía a un todo. No había esp(a)cial ni luces ni releía cada dos meses Alicia en el País de las Maravillas.

Había quedado sepultada entre recuerdos de falsa felicidad y me ahogaba la certeza de saber que jamás podría ser nada sola. Porque yo no valía, porque no era suficiente.

Y qué doloroso y vacío estaba el mundo...y cuánto me costó descubrir que era yo quien lo vaciaba en mis ansias por ver solo una opción. Esa que me enseñó que yo no era nada.

Erré. Y aprendí a acertar cuando me di cuenta de mi fallo.
Sonreí ante la certeza de que yo lo era todo y mi problema era en realidad mi solución. Aprendí de mí y comprendí que la mejor manera de conseguir sonrisas era sonriendo primero.

4 comentarios:

  1. ¿Qué decirte a esto Mandi?
    Yo a veces sonrío, a veces soy fuerte... pero solo a veces, y siempre por fuera. Por dentro tan solo soy una niña más débil que, probablemente, mis hijos, y tengo miedo a que no me quieran porque así es como me he sentido durante mucho tiempo. He sentido que mis padres no me querían, ni mis hermanos, ni mis parejas, y ahora siento que tampoco me quiere la persona que quiero, y lo más fuerte, que mis hijos prefieren a su padre. No es un secreto, tengo miedo a la vida, quizá miedo a ser feliz porque nunca lo he sido excepto el tiempo que estuve con mi última pareja, y aún así no me dejaron serlo del todo. Espero que, aunque tarde... todo cambie, o al menos, yo cambie y aprenda a quitar de mí este miedo.

    Besos, chiqui!!

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  2. Duele. Duele ser frágil y vulnerable y débil, pero duele más que todo el mundo lo sepa y nadie se digne a ayudar.
    Pero me quedo con una parte del texto que me ha marcado sobremanera: "Yo sin dolor ya no sé y hubo un momento en que toda mi vida fue una mancha. Y el fuerte no sé dónde estaba, pero nunca vino de visita ni me cogió de la mano. Quizá me esperaba en el piso de arriba y necesitaba que diera el paso sola, pero el caso es que, vulnerable como estaba, tuve que sobrevivir.
    Y yo ni tenía magia ni era bonita ni sonreía tan grande."

    Y yo
    ni tenía magia
    ni era bonita
    ni
    sonreía
    tan
    grande.

    Tú siempre has tenido magia, siempre has sido bonita, y, si no has sonreído, quizá es porque nadie se merecía tu sonrisa en ese momento.
    Tú eras (eres) luz, pura luz, y estabas rodeada de oscuridad. Como suele pasar, la gente que vive en la luz no tiene ni idea de lo que pasa en lo oscuro, y a veces incluso se deslumbra a sí misma. Pero, sin embargo, todo ser que habita en la oscuridad tiene (tenía) que cerrar los ojos ante el Sol que eras. Ante lo esp(a)cial que te estabas haciendo. La luz se hizo enorme, y se propagó lejos, tan lejos hasta que llegó a un espejo, y fue entonces cuando lo viste. ¡Oh, una luz! Y miraste y te diste cuenta de que esa luz, ese faro, eras tú, pequeña Mandarina. De que siempre, siempre fuiste ese Sol enorme que alumbraba todo lo que había a su alrededor menos a sí misma. Y te hiciste (más) hermosa, porque cuando nos sentimos bonitas siempre lo somos más. Y así atrajiste a B, a Cló, a Tequi, a mí... Aunque sigas desangrándote cada vez que escribes.

    Y por eso te agradezco tanto que hayas escrito esto para nosotras. Que te hayas desnudado aquí, que hayas sangrado por personas que... no conoces. O que quizá conoces demasiado. Porque las palabras de un escritor son lo más preciado del mundo, y tú hoy nos las has regalado.

    Así que guardaré tus palabras mágicas hondo, para que nadie pueda dañarlas. Y las llenaré de mimitos y las releeré mucho, para no sentirme tan perdida.

    Lo haré hasta que yo encuentre mi propia luz, si es que la tengo. Hasta que pueda devolverte lo que me has dado esta noche.

    Gracias, pequeña, GRACIAS.
    Sólo eso.



    M.

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    1. Pequeña GRAN M. claro que tienes esa luz. La historia de Mandarina es la historia de todas y si ella lo pasó y salió indemne y feliz... nosotras también lo haremos... claro que sí.
      Como os quiero, maareee!!!

      Besos a las dos!

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  3. Me he sentido bastante identificada con el texto. Creo que todos hemos sido alguna vez solo fragilidad. Y la magia, si la tenemos, no sabemos encontrarla. Y las únicas sonrisas que existen son las de mentira. Es fácil ser sólo fragilidad cuando uno tiene las metas tan altas que, por mucho que crezca, seguirá sin ser suficiente. Quizás sea necesario morir un poquito para resurgir bonita y con magia, como un fénix. Me ha gustado esta entrada.

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